lunes, 27 de febrero de 2017

LOS ESPEJOS EN LOS QUE LA LITERATURA SE MIRA

De Narciso a Blancanieves, de Valle Inclán a Borges, el objeto que devuelve la imagen ha sido esencial en la escritura. Andrés Ibáñez refleja en una antología esa obsesión



La literatura está plagada de miles y miles de objetos, necesarios para recrear los mundos que proponen los escritores. Ninguna lista de los más habituales o relevantes, si tal cosa existiese, podría omitir el espejo. En el fondo, representa más que un simple objeto: es otro mundo. Su presencia, a lo largo de miles de obras, ejerce un gran poder de atracción, y emana un extraordinario misterio. Reflejan, ocultan, mienten, deforman, confiesan… “Espejos: jamás, a sabiendas, todavía se ha dicho / lo que en vuestra esencia sois”, escribe Rilke en los Los sonetos a Orfeo, como recuerda el crítico y escritor Andrés Ibáñez, que desde su juventud persigue espejos a lo largo de cuentos, poemas, novelas u obras históricas de toda época. El resultado de esa obsesión tan particular es la publicación de A través del espejo (Atalanta), una antología de textos que tratan el tema del espejo, de por sí inagotable. Marcel Schwob, H.P. Lovecraft, Virginia Woolf, Isaac B. Singer, G. K. Chesterton, Goran Petrovic, Borges, Allan Poe, Walter de la Mare, Angela Carter, Bioy Casares o Giovanni Papini son algunos de los autores en cuyos textos el espejo ejerce una poderosa influencia.


En un extenso prólogo por el que también desfilan los reflejos de San Juan de la Cruz, La Fontaine, Bulgákov, Lewis Carroll, Alfred Tennyson, Charles Perrault o Roberto Bolaño, el autor se remonta a las mitologías de la antigüedad, y cómo el significado del espejo, y cuanto muestra, fue cambiando a medida que avanzaban los siglos. El material reunido es riquísimo, inabarcable. De hecho, Ibáñez se vio obligado a dejar la poesía fuera de su selección para que “el laberinto de espejos no creciera en exceso”. Apenas se salva el libro tercero de Las metamorfosis de Ovidio, donde el poeta romano recrea el mito de Narciso, que se asoma a un estanque, y enfrentado a un espejo de agua, se enamora de su propia imagen. Por otra parte con fatales consecuencias, pues cae y se ahoga, como siglos más tarde le ocurre a la protagonista de El espejo de Lida Sal, un relato de Miguel Ángel Asturias en el que una muchacha, en busca de un espejo para contemplarse con su traje de boda, se asoma a un risco sobre el mar, cae a las olas y se ahoga en su propio reflejo. 

El reflejo, a veces, habla, como en Blancanieves, donde la mujer que el rey toma por esposa, fascinada por su belleza, posee un espejo mágico al que de vez en cuando pregunta “¿Quién de este reino es la más hermosa?”. El romanticismo, en el que se integra el cuento de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, fue fértil en espejos. En parte, “por la importancia que adquiere el tema del doble”, cuyo introductor, Jean Paul Richter, no sólo acuñó el concepto doppelgänger para referirse a ese segundo yo, sino que creó una galería de personajes que sufrían “un terror enfermizo a contemplar su propia imagen”. Su literatura sirve de introducción a dos clásicos de la época, E.T. A. Hoffmann y Edgar Allan Poe, de quien Ibáñez recupera William Wilson, un relato en el que su protagonista conoce en su juventud a otro William Wilson parecido a él, incluso nacido en la misma fecha, y que desaparece y reaparece a lo largo de su vida, hasta que un día, durante una fiesta de disfraces, lo ataca y un espejo le devuelve su propio “semblante pálido y manchado de sangre”.


Borges se encontraba a menudo en sus relatos también con otros Borges. “Bien conocida es su obsesión con los espejos", que en el fondo está relacionada, subraya Ibáñez, con la obsesión por la noche y la ceguera, “pero también con otro tema central en su obra: la obsesión por ver el propio rostro”. En El Aleph, el narrador ve “todos los espejos del planeta” y ninguno le reflejó, dice. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius arranca también de modo revelador: “Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor…”. Ibáñez selecciona El espejo de tinta y El espejo y la máscara, donde los espejos se proyectan con una presencia también inquietante. La que, por otra parte, tuvieron en la vida de Borges, que en uno de los poemas de El hacedor reconoce: “Hoy, al cabo de tantos y perplejos/ años de errar bajo la varia luna,/ me pregunto qué azar de la fortuna/ hizo que yo temiera los espejos”. 

 De Oriente a Occidente, de la antigüedad a la modernidad, la literatura recrea espejos capaces de desencadenar los acontecimientos más inesperados. Quizá por eso Ibáñez deja para el final el texto de Jurgis Baltrušaitis sobre los espejos ardientes de Arquímedes, y que funciona como un “pequeño tratado de ciencia ficción antigua”. ¿Existieron en verdad esos espejos? La leyenda aparece recogida por primera vez en el siglo XII, en las Crónicas de Joannes Zonaras, que relata cómo Arquímedes hizo colgar de las murallas de Siracusa espejos de metal que, golpeados por los rayos del sol, quemaban los barcos romanos. En el siglo XVII la literatura científica de Descartes y Mersenne demolió “metódicamente la leyenda”, pero cien años después, el conde de Buffon, Georges Louis Leclerc, realizó experimentos que demostraban que se podía quemar madera a una distancia de 400 pies.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Cornelia Funke cree que los niños no leen porque el colegio les agota

La superventas infantil presenta el cuarto tomo de ‘Reckless’ y novela ‘El laberinto del fauno’


Casi cada año, la superventas Cornelia Funke (Dorsten, Alemania, 1958), visita la Feria del Libro de Madrid para “corresponder” a Siruela, que la edita en España “con un mimo y una delicadeza en las tapas y el papel que solo es comparable con Japón y Alemania”. En esta ocasión, presentó la cuarta entrega de su serie de fantasía Reckless, que en cada tomo repasa los cuentos de un lugar, en esta ocasión Rusia.Funke, que ha vendido 20 millones de libros infantiles y juveniles, no entiende que se trate de “narrar las historias como si fueran televisión, videojuegos o películas”. “Los vemos como competencia de los libros y no como hermanos. Debemos respetarlos”, apostilla. 

 Entiende que los niños se decanten de forma natural por lo audiovisual. “En algunos países, los menores tienen que trabajar y eso se denuncia. Pero, si calculamos las horas que los niños deben dedicar al colegio y a los deberes, también se puede calificar como trabajo. Están tan cansados que no pueden aguantar un libro; es un desafío. La imagen, en cambio, es algo que relaja más”. 

“Los niños no tienen tiempo de jugar fuera. No conectan con la naturaleza. Para mí es el verdadero problema”, se lamenta la autora, quien alaba los programas de lectura estadounidense: “¡Los niños escriben ya poesía en la guardería! Es curioso, porque los americanos se creen que los europeos animan mejor a leer”. 

 Residente en Los Ángeles (EE UU), va a intercalar la escritura del siguiente tomo de Reckless con la conversión del cuento y la película El laberinto del fauno en una novela. Es un encargo de su autor, el cineasta Guillermo del Toro, con quien ya colaboró en 2010. Coescribieron un guion basado en un corto del español Rodrigo de Blaas, pero DreamWorks no lo ha rodado. “Es demasiado complejo para Hollywood”.

 “A todos nos gustan las tareas imposibles y El fauno lo es”, piensa Funke, quien casi ha acabado el borrador. “Se queda muy cercano a la película”; ahora busca “incluir más cosas sin perder la estructura original”. “Cené con Guillermo y le pregunté qué era lo más importante. Me dijo que ambientarlo en Galicia. He leído mucho de losmaquis. Sabía que eran unos rebeldes, pero no un movimiento. Quiero insertar los cuentos gallegos en el bosque”, indica. 

 Siruela ha reeditado cinco de sus obras sobre las peripecias de una pandilla, Las gallinas locas. “Mi editor me pidió escribir una vez algo real, sin enanos y hadas. Y metí todo lo malo que mi madre me había contado de mi abuela y a los niños que había conocido como trabajadora social”. El resultado fue todo un éxito en Alemania que aspira a repetir en España. "Había muchísimas pandillas en Alemania que se llamaban también Las gallinas locas y se ponían plumas. En uno de los libros, una niña se enamora de otra y las bibliotecarias me daban las gracias. O en otro un padre maltrata a su hijo. Me decían que no podía hacer algo tan serio, pero dije: 'Al contrario, la vida es así: hay momentos banales y trágicos".

LA POESÍA SE ALÍA CON LA RED

La línea de los poemas claros, directos y precisos parece conquistar a una nueva generación de lectores. El ciberespacio ha contribuido a su propagación


Hay una distancia imaginaria entre prosa y poesía que hoy parece más corta. Casi de repente, los poetas venden miles de ejemplares y sus lectores forman colas en la Feria del Libro de Madrid. Algo pasa en la poesía. Pasa que tienen que pasar todavía más cosas, según Manuel Vilas (1962), que acaba de reunir su obra poética desde 1980 y el pasado domingo llegó desatado al Retiro. “Los poetas tienen que dejar su pedestal absurdo” y contar el mundo como lo haría un periodista o un novelista, con un lenguaje “contundente, claro, preciso y literario a la vez”. Algunos han empezado a hacerlo, y el resultado es que “la poesía vuelve a las librerías y se venden miles y miles de ejemplares”. Se remite a Octavio Paz: “La poesía ha de salir de las catacumbas”. 

 Karmelo Iribarren (1959), cuyos versos vertiginosos caben en unas pocas letras, salió, y en plena Feria volvió a extrañarse “de la variedad de gente que me lee: jóvenes, viejos, trabajadores, catedráticos. Hasta algún crítico literario”. La poesía, “por más que les pese a algunos, no es un coto cerrado para amiguetes; es un lugar de encuentro”. En ese espacio inesperado ha sucedido lo impensable: que este género ha inventado lectores que no existían. De repente, son miles, y jóvenes. “Algo se ha removido, y me parece digno de mención, y quizá de estudio”, dice Jesús Munárriz, editor de Hiperión, cuya caseta se visita en la Feria como si fuese un templo.  

Elvira Sastre, Diego Ojeda, Escandar Algeet, Victoria Ash, Marwan, Irene X o Defreds son nombres, en algunos casos vinculados a la canción, que llevan más de dos años transformando el modo de comprar poesía. Loreto Sesma (Zaragoza, 1996) llegará este fin de semana a la Feria para firmar 317 kilómetros y dos salidas de emergencia, con el que ha vendido más de doce mil ejemplares. De un modo distraído, distintos movimientos habían estado ocupando las calles, hasta que “el murmullo acabó convirtiéndose en un fenómeno gracias a los blogs, las redes sociales o, como en mi caso, YouTube”, señala. “La poesía ya no es lo que era, aunque bueno, en realidad nada lo es”, añade. De hecho, Vilas admite que a él lo ha influenciado más Lou Reed que Juan Ramón Jiménez. “Estamos ya en un territorio fronterizo”, en el que importa “ganar lectores para la poesía”. Y al fin está pasando. 

El fenómeno asombra a los más incólumes. “Nunca, nunca, ni con Ángel González, ni con Miguel Hernández, ni con Gil de Biedma, ni con Machado, se acercó tanta gente a la poesía como ahora”, afirma Chus Visor, que editó su primer libro de poemas en 1968. En su catálogo también hay mucha cultura popular, como Bob Dylan, Leonard Cohen, Violeta Parra o Joaquín Sabina. Pero esto es diferente. “Me pregunto si estos jóvenes que compran tanta poesía seguirán leyendo dentro de cinco años, y si darán el salto a autores más exigentes”. Elena Medel (1985), una de las poetas más exquisitas de su generación e impulsora de la editorial La Bella Varsovia, admite que “en un principio creí que los lectores de una escritura se interesarían por la otra, pero cada vez me parece más evidente que no ocurrirá así, y que ambas discurren en paralelo”. 

 Munárriz aviva cierta esperanza en los lectores jóvenes. Cuando aparecen, siempre es posible que, en su entusiasmo, “un día descubran que existen Rilke, Rimbaud o Hölderlin”, y que la poesía, cuando es buena, lo será sin importar los siglos que pasen; es buena para siempre. 

 Luis Alberto de Cuenca (1950), Premio Nacional de Poesía en 2015 por Cuaderno de vacaciones y una de las voces más reivindicadas por los nuevos creadores, enfatiza que “la poesía es una manera de vivir la historia”, que no puede soslayar que la realidad es tecnológica. Internet y las redes se han vuelto herramientas para incidir en el entorno. Paradójicamente, los jóvenes autores no son sociales, sino intimistas. “Su poesía es neorromántica, fácil, cercana, hermosa, con una sensibilidad a flor de piel”. Su impacto, sea como fuere, cree que beneficia a la poesía en general. Elena Medel juzga que esta escritura clara y directa, quizá “más anclada en la música que en la literatura”, no está sirviendo para dar mayor visibilidad a la poesía más canónica. Salvo algún nombre con una trayectoria prolongada, aquélla “sobrevive como puede en las librerías más fieles”. 

 En tal escenario, la Feria del Libro llega como un milagro puntual. Con tantas librerías sin apenas sección de poesía, “aquí podemos mostrar todos nuestros títulos”, indica Chus Visor. De hecho, sólo en la Feria pasa algo tan fascinante, dice Munárriz, como que el primer día “se presenten algunos lectores y soliciten nuestro catálogo, que seguimos editando, y a la vuelta de unas jornadas regresen con los títulos que quieren subrayados”.

Clara Janés: “La belleza es lo que nos salva de este caos y movimientos apocalípticos”

La escritora ingresa en la Real Academia Española con un homenaje al 'Cantar de los cantares' y las conexiones de este con sus maestros


El Tiempo no separa. El tiempo une. Treinta y un siglos conectan al rey Salomón con Clara Janés, que ingresó en la Real Academia Española. "¡Dame un beso de tus labios! / Son más dulces que el vino tus caricias”, es el canto de la amada que abre el Cantar de los cantares, atribuido al rey sabio en el siglo X antes de Cristo. “Y así se conforma el universo / en boca única, / aliento que enlaza / y tiende lazos al infinito”, escribió Janés en Psi o el jardín de las delicias. 

 La poeta, narradora, ensayista y traductora, nacida en Barcelona en 1940, se convirtió en la décima mujer en ingresar en la RAE con un homenaje al texto bíblico. Janés, que ocupa la silla U, vacante tras la muerte del jurista Eduardo García de Enterría, en 2013, titulo su discurso Una estrella de puntas infinitas. En torno a Salomón y el Cantar de los cantares. 

 Es una mirada sobre el misterio de la vida, la existencia como un instante, la belleza como salvadora del mundo y sobre el enigma que ronda la escritura. La nueva académica, de tradición simbolista, repasó el vigor de esta obra lírica y la potencia de una inspiración que ha surcado los tiempos en un texto que "más allá del hechizo del lenguaje canta en el fondo a qué es la vida". 

Janés hizo un relato bajo un influjo cuántico en el que viajó al primer destello que la habría de convertir en poeta: el Cántico espiritual, de san Juan de la Cruz, nacido de los cantos milenarios de Salomón, y de cómo la habían llevado hasta ese mismo momento en que todos la escuchaban recrear los enigmas de la existencia, el azar y la inspiración, que en su caso inauguró el poemario Las estrellas vencidas (1964). 

 Tres días antes de esta lectura en la RAE, Janés trazó, en su casa madrileña, parte del arco de su vida. Todo empezó cuando tenía alrededor de un año. Estaba en brazos de una tía en una habitación hasta donde llegaban unos sonidos. Descubrió que “la vida es como una música que cruza la oscuridad”. Dos años después, vio un rayo de luz que la hechizó al ver miles de partículas de polvo en suspensión que giraban en cámara lenta. 

 Quien está presente siempre en su obra es san Juan de la Cruz. Por él empieza a escribir, al quedar “deslumbrada por el Cántico espiritual y por lo enigmático que resulta”, tras la lectura que hiciera el profesor José Manuel Blecua en la universidad. Luego están Quevedo, Góngora, Lope de Vega y la Generación del 27, pero en seguida da el salto al extranjero. 

 “Me parece fascinante ver el desarrollo literario del Cantar de los cantares en autores como fray Luis de León, Arias Montana y santa Teresa de Jesús, y, claro, san Juan de la Cruz. Y todavía más cuando veo que santo Tomás de Aquino muere igual que san Juan de la Cruz, pero él cantando el cantar de los cantares, mientras san Juan, en su celda-prisión pide a los monjes que se lo reciten y memoriza los primeros 31 versos. Es la belleza como algo salvador. Luego están las conexiones del universo místico-personal, místico-pasional, místico-sexual porque en el fondo lo que se canta es la unión de hombre y mujer y de esta unión el fruto de un hijo, el nacimiento de una vida. Lo que los acerca a ellos al Cantar es que ven allí el gran enigma de qué es la vida. Por eso yo me lanzo a leer tantos libros de física, porque es un misterio. ¿En qué consiste la vida? Pues es que materia y energía son lo mismo, es un enigma muy grande”. 

 El periplo de Janés para llegar a la “resacralización del universo”, como dice Jaime Siles, es largo. “Al principio yo no me daba cuenta de este enigma de la vida. Estaba en la cuestión existencialista. Aunque pensaba en espacio-tiempo no inquieta por el tema de qué es la vida. Hasta que me asalta la duda de si la vida merece la pena ser vivida. Luego bien la pregunta qué es la vida. Me voy metiendo en otros caminos, hasta que se junta otro enigma relacionado con la poesía: ¿Qué es la inspiración? Es cuando lo relaciono con el inconsciente, con el ADN y una serie de cosas presentes en el enigma de la vida. ¿Qué es un ser vivo? Pues un ser vivo tiene un cuerpo que es materia y que es energía. ¿De dónde procede? Está en el ADN. ¿Y, qué es el ADN? Es memoria, la memoria de la humanidad entera. Por eso me parece que el hallazgo de Jung del inconsciente colectivo en realidad era esto. Y eso es lo que te permite saber algo que aparentemente no sabes porque está metido en la memoria del cuerpo. Hasta que de repente puede aflorar”. 

 Materia-energía-emoción/sentimiento. 

Esa puede ser la trinidad del creador. En este caso de una mujer que aprendió idiomas como checo, persa e italiano para leer a poetas que le interesaban y traducirlos al español. “La prensa debe colaborar mucho en mantener el idioma. ¿Hay que aceptar todo lo que se dice? Pues, no lo sé. Evidentemente, hay que incorporar palabras nuevas y empleos que no están bien definidos”, reflexiona la autora de obras como Kampa y Lapidario. 

 Tras su primer poemario, en 1964, Las estrellas vencidas, Clara Janés entró unos seis años en silencio, hasta que la lectura de Vladimir Holan la rescató. Ese es su segundo big bang, uno de cuyos poemas, traducidos por ella, lee en la habitación iluminada con decenas de destellos de sol que asoman por la persiana echada: 

 “Encuentro en un ascensor:
 Entramos en la cabina y nos quedamos solos los dos
 Nos miramos sin hacer nada más 
Dos vidas, un instante 
La plenitud, la felicidad 
En el quinto piso ella salió 
Y yo que iba más arriba comprendí 
que nunca volvería a verla
 Que habíamos encontrado 
Una vez para siempre 
Que aun habiéndola seguido 
Lo habría hecho como un muerto
 Y que si ella hubiera vuelto a mí 
No habría vuelto más que del otro mundo”. 

 Es la eterna presencia de la ausencia, la fugacidad. La vida, dice la nueva académica: “El instante es lo que queda, es suficiente a veces. Yo vivo de instantes. No es tanto el tiempo, como la intensidad como se viva cada momento. Así es”.

jueves, 8 de diciembre de 2016

LOS CUATRO ESTILOS DE APRENDIZAJE. ¿CUÁL ES EL TUYO?

Los cuatro estilos de aprendizaje o el por qué algunos leen los manuales y otros no

 Aprendemos en función de cómo percibimos la realidad y cómo la procesamos


Hay personas que se leen hasta la letra pequeña de los manuales mientras que otros se lanzan a pulsar todos los mandos para ver qué ocurre. No es ni bueno ni malo. Simplemente, nos da pistas de nuestra manera de aprender. Veamos los cuatro tipos de aprendizaje que existen para identificar cuál es el tuyo. 

 Quieres hacer un viaje con tu pareja y uno de vosotros necesita leer hasta el mínimo detalle sobre el sitio a donde vais, mientras que el otro se pone de los nervios porque preferiría lanzarse a la aventura. O en una reunión de trabajo un compañero no para de dar ideas sin concretar nada, mientras que a otro le agobia no trabajar en una sola. ¿Has vivido algo de esto? Si es así, bienvenido a los diferentes modos de aprender y a sus dificultades (y oportunidades). 

 En 1984 un profesor universitario, David Kolb, descubrió que los adultos tenemos distintas maneras de aprender que dependen de cómo percibamos la realidad y de cómo la procesemos. Hay personas que captan la realidad fundamentalmente a través de la experiencia y otros, creando teorías. Los primeros son más empáticos y tienden a hacer varias tareas al mismo tiempo (multiplicidad). Es más, si no lo hacen se pueden aburrir soberanamente. Los segundos prefieren centrarse en una sola tarea, se manejan muy bien en la teoría y se perderían con varias cosas al mismo tiempo (unicidad). 

Con respecto a la manera de captar la información, algunos la procesarán si se ponen manos a la obra (acción) y otros si reflexionan sobre lo que observan (pensamiento). Pues bien, las anteriores características definen los ejes de las maneras de aprender y de los cuatro estilos. Veámoslos con algo más de detalle:

 Adaptadores o los “hacedores” 

 Difícilmente leerán un manual. Son el resultado de la multiplicidad y la acción. Prefieren trabajar rodeados de personas y se buscan la vida para conseguir recursos y alcanzar resultados. Les gusta asumir riesgos y saben adaptarse a las circunstancias. En una empresa abundan en los departamentos de ventas. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿cuándo? 

 Asimiladores o expertos en la conceptualización 

 Su estilo es opuesto a los adaptadores. Son extraordinarios creando modelos teóricos y definiendo claramente los problemas. Les interesan más las ideas abstractas que las personas, por lo que no es de extrañar que destaquen en el campo de las matemáticas o de las ciencias. En una empresa pueden estar en posiciones de investigación o de planificación estratégica. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿por qué?

 Divergentes o los reyes de las mil y una ideas creativas 

Disfrutan analizando los problemas en su conjunto y trabajando con personas. Son empáticos, emocionales y ocurrentes. No es de extrañar que lancen un sinfín de propuestas diferentes en una reunión. En este estilo se encuentran artistas, músicos y todos los creativos en el mundo de la empresa. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿y si…? o ¿por qué no? 

 Convergentes o el poder de la aplicación en una sola cosa 

 Son los opuestos a los divergentes. Necesitan la aplicación práctica a las ideas para testar teorías o resolver problemas. Se pierden con muchas alternativas. Sin embargo, son excepcionales en situaciones donde haya un único camino para ser resueltas. Muchos ingenieros se enmarcan en este estilo de aprendizaje. Y la pregunta clave que necesitan contestar es ¿para qué? 

 Como es de imaginar hay personas cuyo estilo de aprendizaje está más marcado que otros como, por ejemplo, Sheldon Lee Cooper, protagonista de la serie The Big Bang Theory, quien es un asimilador total. Lo normal es que no sea así y que todos tengamos un poco de los cuatro aunque nos solamos sentir más cómodos con uno. 

 En definitiva, todos tenemos un estilo de aprendizaje que nos define más que otros y para desarrollarnos mejor en lo personal y profesional sería recomendable estar con personas que nos complementaran y cuyo estilo estuviera en el extremo del nuestro. Por ello, si eres de los que no lees los manuales, estáte cerca de quienes disfrutan haciéndolo (o viceversa). Porque más allá de este hábito, existe una manera interna distinta de percibir y de procesar la realidad que te puede ayudar a mejorar y a superarte a ti mismo en muchos otros ámbitos de la vida.